editorial

 


Obama y las
“primas obscenas”

DEVOTOS DE LA MÍSTICA de la sangre -a la que son adictos los fascistas-, los medios electrónicos “mexicanos” han usado la misma mortaja que cubre los cadáveres de los haitianos condenados perpetuamente a muerte, para tender un oscuro paño y desplazar de los primeros planos informativos otros capítulos cruciales para la subsistencia del sistema mercantilista, codificado genéricamente como capitalismo.

Uno de esos temas “de palpitante actualidad” conservado en tinieblas, es la potencial crisis política que eventualmente puede sacudir en 2010 al gobierno de Barack Obama, porque no es lo mismo utilizar al Estado como benefactor de la plutocracia globalizada -socializando las pérdidas de las crisis-, que exigirle a la misma un gesto de reciprocidad hacia un pueblo postrado por el desempleo, que en 2009 alcanzó la cota de 10 por ciento, con una atroz consecuencia: Los millones de jefes de familia que sacian su hombre con los humillantes vales de la beneficencia pública.

editoriaAl grano: La punta de la mortal madeja parece un asunto menor. Por separado, los tres poderes de la Unión americana están tomando cartas en el asunto de lo que Obama calificó como “primas obscenas”; los sobresueldos que los grandes corporativos financieros rescatados por el Tesoro estadunidense han reservado para sus ejecutivos. Uno de los epicentros de ese terremoto es la aseguradora AIG, imputada como responsable de la invasión del mercado de “activos tóxicos” que detonaron la crisis (el otro fue Lehman Brothers), pero la piedra está dirigida a varios tejados.

Obama (“estoy atragantado por el enfado”), instruyó al secretario del Tesoro, Tim Geithner que se haga cargo de fincar responsabilidades administrativas. El presidente del Comité de Servicios Financieros de la Cámara de Representantes, Berney Frank tomó la sartén por el mango  para revisar los contratos que asignan esa prestación onerosa a la alta burocracia de las finanzas privadas y analiza la posibilidad de proponer el cese de los privilegiados abusivos, y el fiscal general de Nueva York, Andrew M. Cuomo, que tiene en sus manos el caso Merril Lynch, investiga si en esa concesión hay “trasmisión fraudulenta”.

La puntita de la madeja, repetimos, porque el centro de la misma tiene dimensiones que pueden ser históricas: Obama lanzó una iniciativa denominada Tasa de responsabilidad en la crisis financiera, que no es otra cosa que el intento de hacer reembolsar a los usufructuarios del rescate estatal un mínimo del monto de los fondos públicos que les fueron entregados en 2009 y que dispararon el déficit público para este año hasta 1.4 billones de dólares (117 mil millones correspondientes al saldo insoluto del salvaje salvataje.) En buen romance, se trata de aplicar una tasa fiscal de 0.15 por ciento -millón y medio por cada mil millones de dólares- a los corporativos que rebasen los 50 mil millones de dólares en activos. Esto supondría obtener apenas unos 90 mil millones de dólares en doce años.

El alcance de esa acción impositiva-punitiva abarcaría a Citigroup, HSBC, Goldman Sachs, JP Morgan, General Electric Capital Corporation, Morgan Stanley, Bank of America, Deutche Bank y otros que, dicho sea de paso, medran en el paraíso fiscal  en el que el panismo neoliberal ha convertido a México. Obviamente, esos gigantes contratan ya a las chuchas cuereras más astutas del foro jurídico para echarle encima a la Corte Suprema al huésped de la Casa Blanca.

¿Lo que hace la mano, hace la tras? En ese tipo de riesgos políticos, parece que no. Desde que reconoció finalmente el macabro impacto de la crisis financiera sobre la economía mexicana, Felipe Calderón, de lejos o de cerca, ha exigido a  Obama  corresponsabilidad en la tarea de la recuperación. Pero, por lo visto, el michoacano quiere, en esa materia, que la voluntad de dios se cumpla en los bueyes de mi compadre, porque aquí, a los beneficiarios la podredumbre de los fobaproas e ipabes se les sigue dando carta blanca para que continúen sus trapacerías.

Queda pues, en manos del Congreso de la Unión, que ha relanzado la iniciativa de la reforma fiscal -todavía no hacendaria en toda su magnitud-, hacer la suplencia del Ejecutivo. ¿La justicia distributiva en una nación de muy desiguales, bien vale una candidatura presidencial? Veremos.

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